Bloomberg Línea · 2025-07-28
El sector privado peruano valora la estabilidad parcial del clima de inversión bajo Boluarte, pero advierte que la falta de reformas estructurales y la incertidumbre electoral de 2026 frenan nuevos proyectos. Además, la infraestructura logística insuficiente encarece las exportaciones, limitando su competitividad.
El último año de la gestión de Dina Boluarte ha generado una percepción de mayor estabilidad en el clima de inversión peruano, pero el entorno sigue marcado por la ausencia de reformas estructurales y la proximidad de las elecciones de 2026. Los principales representantes del sector privado coinciden en que, si bien la macroeconomía muestra solidez y las exportaciones alcanzaron cifras récord, la incertidumbre política y los cuellos de botella regulatorios limitan la confianza para iniciar o ampliar proyectos de mediano y largo plazo.
Los sectores minero, de infraestructura y construcción son los más sensibles a esta situación. La demora en la obtención de permisos –por ejemplo, los 14-15 años que puede requerir un proyecto minero formal– y la existencia de sistemas como el REINFO, que según los empresarios favorece la minería informal, encarecen la viabilidad de nuevas inversiones. Asimismo, la falta de avances en asociaciones público-privadas y en la ejecución de obras clave (Aeropuerto de Chinchero, Carretera Central) reduce la capacidad del país para absorber capital privado.
En el frente externo, el crecimiento de las exportaciones, impulsado por el cobre, el oro, el café y los arándanos, no ha sido acompañado por mejoras en la infraestructura logística. Los cuellos de botella en el puerto del Callao y la limitada conectividad interna elevan los costos de transporte y dificultan la competitividad de los productos peruanos en los mercados internacionales, aun cuando se están negociando nuevos tratados con India e Indonesia.
Para los importadores y exportadores, el escenario sugiere la necesidad de monitorear de cerca los avances regulatorios y la evolución del riesgo político, así como de evaluar la capacidad logística del país antes de comprometer recursos en proyectos de gran escala. Diversificar fuentes de suministro y considerar alternativas de rutas o proveedores puede mitigar posibles retrasos y sobrecostos.
En consecuencia, quienes importan bienes peruanos a Colombia deberán observar cómo las reformas pendientes pueden afectar los tiempos de entrega y los costos de flete, lo que podría motivar una revisión de la estrategia de abastecimiento y, en algunos casos, la búsqueda de proveedores en otros mercados como China.
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