El TLC con Corea abre una nueva etapa para Colombia: más diversificación, tecnología y proyectos de inversión

Portafolio · 2026-10-05

El TLC entre Colombia y Corea del Sur ha multiplicado las exportaciones y ahora busca diversificar hacia energía, infraestructura y tecnología. El beneficio depende de cumplir requisitos sanitarios, de origen y de logística, mientras que la importación de maquinaria especializada y equipos tecnológicos se vuelve clave para los proyectos futuros.

Análisis Nivexa

El Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Colombia y Corea del Sur, vigente desde 2016, ha generado un crecimiento del 193,5 % en las exportaciones colombianas hacia Corea, pasando de US$488,8 millones en 2016 a US$1.180,2 millones en 2024. El avance se ha concentrado en productos tradicionales como café y flores, pero la nueva fase del acuerdo busca diversificar la oferta, incorporando sectores de infraestructura, energía, tecnología, agroindustria, salud y soluciones de inteligencia artificial y ciberseguridad.

Para los importadores colombianos, el TLC brinda preferencias arancelarias y un marco de previsibilidad, pero la ventaja competitiva depende de la capacidad de cumplir con requisitos sanitarios, fitosanitarios y de certificación, así como de garantizar suministro constante, logística eficiente y presentación adecuada al consumidor coreano. La normativa de origen y la documentación requerida son elementos críticos para acceder a los beneficios del tratado.

Los sectores que presentan mayor potencial son los de energía renovable (almacenamiento de energía, redes inteligentes), infraestructura digital, tratamiento de agua y automatización de procesos industriales. Estos requieren la importación de maquinaria especializada, componentes electrónicos y equipos de alta tecnología, lo que implica una cadena de suministro compleja y la necesidad de validar proveedores, gestionar inspecciones en origen y asegurar la conformidad con normas técnicas y ambientales.

Las barreras identificadas incluyen financiamiento, trámites de certificación y la disponibilidad de soporte técnico local. Las empresas coreanas que deseen entrar al mercado colombiano deberán adaptar sus propuestas a los presupuestos y condiciones operativas locales, iniciando con diagnósticos y proyectos piloto. Por su parte, las pymes colombianas deben fortalecer su capacidad de respuesta, ofreciendo volúmenes acordados, trazabilidad y entregas puntuales, y estar preparadas para calcular el costo de llegada y adaptar empaque y etiquetado.

En síntesis, el TLC con Corea abre oportunidades para importadores que manejan productos de alta tecnología y proyectos de infraestructura, siempre que se preste atención a la normativa de origen, a los requisitos sanitarios y a la logística de entrega. Para quienes importan desde China, la lección es similar: la diversificación de productos y la gestión integral de la cadena de suministro son clave para aprovechar los tratados comerciales y mantener la competitividad en mercados exigentes.

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