Bloomberg Línea · 2025-09-09
El informe de TRACIT indica que América Latina, con un índice de 47,4, enfrenta alta vulnerabilidad al comercio ilícito; Colombia registra 50,3, destacando riesgos en tabaco, licores y productos falsificados. Los importadores deben reforzar la clasificación arancelaria, la inspección de proveedores y la trazabilidad de la cadena logística.
El reporte de TRACIT muestra que América Latina sigue expuesta al comercio ilícito, con un índice regional de 47,4 y un puntaje de 50,3 para Colombia, situándose en la mitad del ranking. Los productos más vulnerables son tabaco, licores y mercancías falsificadas, lo que genera pérdidas fiscales y riesgos para la salud pública. Para los importadores colombianos, la presencia de mercancías no reguladas implica mayores controles aduaneros y la posibilidad de que cadenas de suministro legítimas se vean contaminadas por intermediarios ilícitos.
Los sectores más afectados –farmacéutico, textil y agrícola– dependen de una clasificación arancelaria precisa y de la verificación de requisitos normativos (INVIMA, ANLA, DIAN). Cuando la documentación no refleja la verdadera naturaleza del producto, aumenta la probabilidad de incautaciones y sanciones. Por ello, es fundamental que los importadores revisen la clasificación arancelaria y los certificados de origen, y que exijan inspecciones en origen antes de la carga, especialmente cuando el proveedor está en regiones con alta incidencia de falsificaciones.
Otro punto crítico señalado por el informe son los “intermediarios de la cadena de suministro”, con una puntuación de 24,2, lo que indica debilidades en la trazabilidad y en la supervisión de agentes logísticos. Los importadores deben reforzar la validación de proveedores, exigir auditorías y establecer mecanismos de seguimiento de la carga, tanto en tránsito marítimo como aéreo, para detectar desviaciones que puedan derivar en productos ilícitos.
En términos de regulación, el marco normativo colombiano muestra áreas de mejora (puntaje 51,1). Los importadores deben mantenerse al día con los cambios en requisitos de etiquetado, licencias ambientales y certificaciones sanitarias, y considerar la implementación de controles internos que complementen la fiscalización aduanera. Una revisión periódica de los procesos documentales y de cumplimiento puede reducir la exposición a riesgos de contrabando y falsificación.
En conclusión, el aumento del comercio ilícito en la región implica que quienes importan a Colombia, particularmente desde China y otros mercados asiáticos, deben fortalecer la vigilancia de la cadena de suministro, validar a los proveedores y asegurar el cumplimiento de normas sanitarias y arancelarias para evitar interrupciones y sanciones.
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